Pencosa

Actualizado: 2 nov 2021

—¿Le gusta así al señor? —dijo con retintín y sentándose a la mesa para tomarse su desayuno habitual, ya preparado por su abuela.

—Sigues maquillada —le hizo notar Nel.

Xana lo miró de arriba abajo.

—El maquillaje no me impide caminar —replicó ella, muy digna y mirándolo con desdén.

—Pero a mí me impide verlas.

Xana detuvo el gesto de dar un bocado a una tostada con queso fresco y frunció el ceño.

—¿Verlas?

—Las pecas —precisó Nel.

Xana apretó mucho los labios y alzó más la barbilla, si cabía.

—Con más motivo —masculló ella.

—Hay que ver lo que te gusta privarme de mi entretenimiento preferido, ho.

—¿Meterte con ellas? —replicó ella con la boca llena y en un tono condescendiente.

Nel rio por lo bajo y meneó la cabeza.

Cuando respondió, su voz mostró algo que se parecía mucho al afecto.

—Contarlas, pencosa. Contarlas…

Las xanas no tienen alas.







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